Los discos de freno son el núcleo del sistema de frenado de cualquier vehículo, directos responsables de la seguridad en la conducción y de la durabilidad del sistema. Sin embargo, conductores y técnicos caen con frecuencia en prácticas basadas en “experiencias” pero que, en realidad, dañan prematuramente los discos, generando riesgos significativos.
Un error común es asumir que el grosor extra del disco garantiza mayor resistencia y durabilidad. En realidad, cada modelo de vehículo incorpora discos con un diseño preciso, donde el grosor está equilibrado para un óptimo desempeño y compatibilidad con el sistema de frenos y las ruedas.
| Problema | Impacto |
|---|---|
| Peso añadido en ruedas y ejes | Reduce maniobrabilidad, y en autos eléctricos disminuye la autonomía hasta en un 5% |
| Peor disipación térmica | Aumenta riesgo de sobrecalentamiento y fallo por fatiga térmica |
| Desajuste con las pastillas de freno | Genera desgaste desigual y ruidos molestos |
Recomendación: Mantener el grosor dentro del estándar original marcado por el fabricante, normalmente reemplazar al alcanzar entre 3 y 4 mm por debajo del grosor inicial. Para usos extremos como trayectos montañosos o cargas pesadas, mejor optar por discos de alta calidad en materiales como hierro fundido de alto carbono, sin alterar grosor.
La pulición o rectificación es una solución recomendada en casos de surcos o corrosión leve, pero usarla con exceso puede ser contraproducente. Cada intervención elimina material que reduce el grosor útil y lleva rápidamente al límite máximo de desgaste. Además, técnicas no profesionales causan deformidades que manifiestan vibraciones, frenos desalineados o ruidos.
El calor excesivo durante el proceso también afecta el metal, reduciendo dureza y resistencia, aumentando riesgo de grietas o fallos mecánicos graves.
Buenas prácticas: Pulir sólo cuando el surco sea menor o igual a 0,5 mm, y con un tope de remoción de 0,2 mm por sesión. Si el daño supera 1 mm o hay deformación, directamente reemplazar. Para oxidación ligera, basta con el uso progresivo del vehículo para que la fricción elimine la corrosión superficial.
Ahorros aparentes en sustituciones pueden salir caros si se combinan pastillas incompatibles. Diferencias en composición, coeficiente de fricción y tolerancia llevan a frenos desiguales, aumentando desgaste de discos y generando ruidos agudos, vibraciones o respuesta irregular al frenar.
Asimismo, pastillas de baja calidad podrían dañar la superficie del disco, provocando costos superiores por reparación o sustitución prematura.
Recomendación profesional: Cambiar ambos lados del eje por pastillas idénticas, preferentemente del mismo fabricante. Si se opta por otra marca, elegir productos certificados bajo normas internacionales como IATF 16949 y realizar un rodaje suave cercano a 500 km para consolidar la adherencia.
Resumimos el conocimiento esencial para prolongar la vida de tu sistema de frenos: "No engrosar arbitrariamente, no puliendo excesivamente, y no mezclar pastillas." Además, hábitos como evitar frenadas bruscas innecesarias, limpiar residuos de polvo y verificar regularmente el estado del disco, garantizan seguridad y economía en mantenimiento.
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